Marcel Proust murió en su cama, en un hotelucho de París. Lo vieron morir varios hombres; lo vio fallecer solo una mujer, Celéste Albaret.
Marce Proust murió una noche de noviembre de 1923, y Celéste Albaret, su ama de llaves, lo lloró, y ese lamento acumulado se transformó luego en un libro: Monsieur Proust.
En él desmiente muchos rumores sobre el mítico escritor de En busca del tiempo perdido. Proust no era quien decían que era; era más de lo que se rumoreaba.
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